NoticiaDía Mundial del ACV
  • La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo modificable de accidente cerebrovascular. Medirse la presión con frecuencia, mantenerla bajo control y reconocer las señales de alarma puede marcar la diferencia.

Bogotá, octubre de 2026. Cada 29 de octubre, el mundo conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una fecha que busca generar conciencia sobre una enfermedad que puede aparecer de manera repentina y dejar consecuencias permanentes. Uno de los principales factores de riesgo es la hipertensión arterial, una condición que con frecuencia no produce síntomas y que, cuando no está controlada, puede deteriorar progresivamente los vasos sanguíneos y aumentar el riesgo de sufrir un ACV.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2021 se registraron aproximadamente 11,9 millones de nuevos casos de ACV en el mundo. Además, la hipertensión es el principal factor de riesgo modificable de esta enfermedad: las personas con hipertensión tienen un riesgo casi tres veces mayor de sufrir un accidente cerebrovascular.

“El problema es que muchas personas pueden vivir durante años con la presión arterial elevada sin saberlo. Por eso, medirla periódicamente es una de las acciones más sencillas para identificar el riesgo y tomar medidas antes de que aparezca una complicación”, explica el doctor Luis Moya Jiménez, cardiólogo de la Liga Colombiana contra el Infarto y la Hipertensión.

¿Qué tiene que ver la presión arterial con un ACV?

La presión arterial elevada ejerce una fuerza excesiva y constante sobre las paredes de las arterias. Con el tiempo, este daño puede favorecer el endurecimiento y deterioro de los vasos sanguíneos que llevan sangre al cerebro.

Un ACV ocurre cuando el flujo de sangre hacia una parte del cerebro se interrumpe por la obstrucción de un vaso sanguíneo —ACV isquémico— o cuando un vaso sanguíneo se rompe y produce una hemorragia —ACV hemorrágico—. En ambos casos, la atención médica inmediata es fundamental.

Una enfermedad que puede avanzar en silencio

Uno de los mayores desafíos de la hipertensión es que puede no producir síntomas. Según la OMS, la única manera de saber si una persona tiene la presión arterial elevada es medirla. En 2024, se estimaba que alrededor de 1.400 millones de adultos entre 30 y 79 años vivían con hipertensión en el mundo, y cerca del 44 % desconocía que tenía esta condición.

Por eso, conocer los niveles de presión arterial y seguir las recomendaciones del profesional de salud son acciones fundamentales para reducir el riesgo cardiovascular y cerebrovascular.

Reconocer un ACV: cada minuto cuenta

A diferencia de otras enfermedades, un ACV puede presentarse de forma repentina. Reconocer sus señales y buscar atención médica inmediatamente puede ser determinante para el pronóstico.

Entre las principales señales de alarma están:

  • Cara: desviación o caída repentina de un lado del rostro.
  • Brazos: debilidad o dificultad para mover uno o ambos brazos.
  • Habla: dificultad repentina para hablar, entender o pronunciar palabras.
  • Equilibrio: mareo súbito, pérdida del equilibrio o de la coordinación.
  • Visión: pérdida repentina o alteración de la visión.

Ante la aparición de alguno de estos síntomas, no se debe esperar a que desaparezcan ni intentar manejar la situación en casa. El ACV es una emergencia médica y requiere atención inmediata.

Prevenir también está en nuestras manos
Aunque existen factores de riesgo que no pueden modificarse, como la edad o algunos antecedentes médicos, una parte importante del riesgo de ACV está relacionada con factores que sí pueden prevenirse o controlarse.

Entre las principales recomendaciones están:

  1. Medir la presión arterial.
    No esperar a tener síntomas para conocerla.
  2. Controlar la hipertensión.
    Si existe un diagnóstico, seguir el tratamiento indicado y no suspender los medicamentos por cuenta propia.
  3. Reducir el consumo de sal.
    Una alimentación saludable, con menor cantidad de sodio y mayor presencia de frutas y verduras, contribuye al control de la presión arterial.
  4. Mantenerse físicamente activo.
    La actividad física regular ayuda a reducir factores de riesgo cardiovascular.
  5. No fumar.
    El tabaquismo incrementa el riesgo de enfermedad cerebrovascular.
  6. Controlar otros factores de riesgo.
    Colesterol elevado, diabetes, sobrepeso, obesidad, sedentarismo y consumo nocivo de alcohol también pueden aumentar el riesgo de ACV.