Uno de cada cuatro adultos, en promedio, puede tener problemas por su tensión arterial elevada.

Si bien no se conocen las causas de la hipertensión, es claro que las personas que fuman, presentan sobrepeso, ingieren comidas con mucha sal y grasa, toman mucho alcohol, tienen mucho estrés o no hacen ejercicio o actividad física de manera regular tienen mayores probabilidades de desarrollarla.

Listado que crece al incluir a quienes tienen alto el colesterol, presentan enfermedades del corazón o de los riñones.

Como se trata de un enemigo silencioso, es muy importante que quienes encuentran sus niveles de tensión elevados consulten con el especialista y sigan sus recomendaciones, para evitar complicaciones, algunas muy temidas, “como son la hemorragia cerebral, después están el infarto, la falla renal, la falla cardiaca y los problemas de la visión”, dice Horacio Orejarena, médico cardiólogo, quien sufre de hipertensión y, por lo tanto, conoce por doble vía todo sobre el tema.

La hemorragia cerebral suele ser fatal. “Si el paciente no muere queda muy mal. Puede afectar órganos como los ojos, el sistema nervioso central, las arterias periféricas, el corazón y los riñones”, señala Juan Pérez Rapalino, médico cardiólogo, de la Liga Colombiana contra la Hipertensión y el Infarto.

Así, puede hacer que se agranden o se debiliten los vasos sanguíneos, lo que lleva a una dilatación de estos, llamada aneurisma.

“Las aneurismas pueden sangrar y causar la muerte, especialmente si están localizadas en los vasos sanguíneos del cerebro o en la aorta, arteria más grande del cuerpo. Con el tiempo, otros vasos se vuelven más estrechos, por la acumulación de colesterol en su interior, lo que dificulta y a veces bloquea o tapa el flujo de sangre, lo que hace que los órganos que de él dependen, se dañen”, explica Pérez.

No tiene cura, pero…

Solo con un manejo oportuno y adecuado se pueden reducir los riesgos de complicaciones. Por eso, la sugerencia es que mida sus niveles de tensión de manera regular, tarea en la que son clave un médico, una enfermera o cualquier otro profesional de la salud.

Eso sí, el diagnóstico lo hace únicamente el especialista, luego de “constatar varios registros de presión arterial elevada en días diferentes. Entonces elaborará la historia clínica, el examen físico y otros estudios complementarios para determinar si la enfermedad ha causado ya daño en alguno de los diferentes órganos”, dice Pérez.

Diversas investigaciones han fundamentado que la reducción de la presión se asocia con disminución de entre 35 y 50 por ciento del riesgo de presentar derrame cerebral, del 20 al 25 de infarto agudo de miocardio, y del 50 por ciento de presentar insuficiencia cardiaca.

Hay que estar atentos a las cifras

En Colombia, explica Juan Pérez Rapalino, médico cardiólogo, de la Liga Colombiana contra el infarto y la Hipertensión, “la prevalencia es de un 15 por ciento, especialmente en la zonas urbanas, y es mayor al 20 por ciento en lugares como las costas Pacífica y Caribe, y en San Andrés y Providencia, en donde predomina la raza afroamericana”.

De esta manera, hablamos de unos 6 a 8 millones de hipertensos en el país. Suele presentarse después de los 25 años de edad, más si existe el antecedente familiar de uno o ambos padres con aumento de la presión.

En general, se estima que la presión arterial normal es aquella menor de 120 mmHg de presión arterial sistólica y menor de 80mmHg de presión arterial diastólica.

Frutas y verduras que no deben faltar

Consumir cinco porciones de frutas por día, una dentro de cada una de las comidas principales (desayuno, almuerzo y cena), una a media mañana y otra en las onces, favorece su salud en todo sentido.

No solo le aporta vitaminas, sino fibra y minerales, básicamente micronutrientes. La fibra, por ejemplo, ayuda a mantener un buen tránsito intestinal y a reducir los problemas de estreñimiento.

También, a “que se disminuyan en sangre los valores de colesterol y triglicéridos”, dice Diana Patricia Monroy Martínez, nutricionista de la Liga Colombiana contra la Hipertensión y el Infarto.

El aporte de vitaminas es otra ventaja, entre ellas la A, que “favorece la visión, y la C, que actúa como un agente preventivo para diferentes tipos de enfermedades. Fuera de eso, los micronutrientes que tienen las vitaminas actúan como factores coadyuvantes del metabolismo, como coenzimas y otros tipos de nutrientes que benefician de manera muy importante cada una de las funciones”, agrega Monroy.

Según Patricia Barrera, nutricionista de la Asociación Colombiana de Diabetes, “si hablamos de los niños debemos acostumbrarlos a que en su lonchera siempre vaya una fruta, para que ellos también adquieran o cambien sus hábitos de alimentación. Al hacer esto, desde niños estamos creando factores que son preventivos y vamos a disminuir el riesgo cardiovascular”.

Un consumo adecuado

Además de las frutas es fundamental el consumo de verduras y hortalizas, sean cocidas o en ensaladas crudas.
“Lo importante es tener presente que al cocinarlas no hay que dejarlas mucho tiempo hirviendo, porque la mayoría pierden sus vitaminas al contacto con el agua y con la temperatura alta. Si son de hoja, tienen consistencia suave, por tanto, solo se debe calentar agua y luego adicionar la verdura, previamente lavada, y retirarla pronto”, dice Barrera.

No olvide…

– Para aprovechar la fibra, la la recomendación es que los jugos no se cuelen. Ante esto, es importante no dejar la fruta mucho tiempo en la licuadora, para que quede estilo lulada, de tal manera que aparezcan trozos pequeños dentro del jugo, que se puedan masticar.
– Los alimentos deben estar en buen estado, limpios y mantenerse en un lugar también adecuado e higiénico.
– Los empaques deben estar en buen estado.
– Si el alimento requiere refrigeración o congelación se debe verificar que la temperatura sea la adecuada.
– Siempre, antes y después de ir al baño hay que lavarse bien las manos, y nunca manipular los alimentos sin haberlas aseado.